Es la regla de todas las herramientas de archivos de KippiTools, y no es letra pequeña: es la razón por la que puedes poner aquí una cédula, un contrato o un expediente sin pensarlo dos veces.
Cuando unes, comprimes o conviertes un archivo en KippiTools, el trabajo lo hace tu propio computador o tu celular. KippiLex te envía el código de la herramienta —como envía cualquier página web— y ahí termina nuestro papel: el PDF o la foto nunca viajan hacia nosotros, ni siquiera un segundo, ni siquiera cifrados. No hay una copia que borrar después, porque nunca hubo una copia.
No hace falta creernos. Abre las herramientas de desarrollador del navegador (tecla F12, o «Inspeccionar»), entra a la pestaña «Red» (Network) y usa cualquiera de las herramientas con un archivo. Verás las peticiones que la página hace: ninguna lleva tu archivo. La única señal que sale es un contador anónimo que dice «alguien usó la herramienta tal y le funcionó» — sin el archivo, sin su nombre y sin su contenido.
Si eres abogado y tienes sesión abierta, el resultado de una herramienta te ofrece «Guardar en el caso»: guarda ese archivo en tus documentos de KippiDocs, con tu asunto y tu cliente. Es el único camino por el que un archivo de estas herramientas puede llegar a KippiLex, ocurre después de procesar —nunca antes— y solo cuando tú pulsas el botón. Para el ciudadano ese botón no existe: descarga su archivo y listo.
Los archivos que la gente necesita arreglar rara vez son inocentes: una cédula, una historia clínica, un expediente con nombres de terceros, un contrato con salarios a la vista. Para un abogado, subir eso a un servicio desconocido compromete el secreto profesional (Ley 1123 de 2007, artículo 34); para cualquier persona, es entregar datos personales sin saber a quién, que es justo lo que la Ley 1581 de 2012 protege. La forma más seria de cuidar un dato es no recibirlo.
Lo que KippiLex sí guarda cuando usas el resto del sitio —tu cuenta, tus casos, tus documentos de KippiDocs— está contado en la política de privacidad.